Naturaleza incipiente bajo niebla en la Xixona profunda

Ante la certeza de que he realizado la mejor ruta senderista posible en el vastísimo término municipal del pueblo del turrón, relato parte de ese camino repleto de fauna y flora vivas, electrizantes, como si de una obra plástica impresionista y expresionista a la vez se tratara

 

 

Entre notas sueltas de trompeta a mil y pico metros de altitud con las que contigo, naturaleza jijonenca, algo siempre aprendí

 

 

Les proponemos que se la planteen al menos una vez en la vida. Esta rutita de unos 25.000 pasos, algo exigente por su longitud, factor que allana quizás tanta belleza junta en estado silvestre, es de ensueño. Y no es porque juegue en casa y exagere en el ensalzamiento.

 

Tras las lluvias ciertamente benditas del mes de marzo, tras demasiado tiempo sin ni siquiera chirimiris por mor del atenazante, imparable e innegable cambio climático, la sierra jijonenca se nos presenta incipiente, electrizante y serena al mismo tiempo.

Basta con hacer parada y fonda en la Venta Teresa para el segundo café del día para percibir ese aroma a tierra tan necesariamente mojada, a caracoles a la carrera, a rastros de conejos y zorras. A vida en suma.

 

Nuestro destino no era sino el coqueto y acertadamente construido mirador del puerto de la Carrasqueta, con estacionamiento de vehículos incluido. El cielo no es que esté encapotado, es que directamente es hoy intangible y pareciera que lleva para rato.

 

La niebla es compañera de viaje desde el principio hasta el fin, junto a ese chirimiri al que alúdiamos antes y que, a veces, tiene efectos calmantes para el estrés hídrico de una tierra ya demasiado acostumbrada a padecerlo.

 

 

El poeta diría que se trata de un día fantasmagórico. Pero la vida te asalta a cada paso sin fantasmas en la oscuridad del capote grisáceo de este lunes en el que mayo marcea. Pues no hemos apenas sí iniciado la travesía por el corazón de la Carrasqueta, a los pies de la cima más elevada de Xixona, que en el Cremat de la sierra del Quarter nos guía todo el tiempo de reojo, cuando una, dos, tres, quizás cuatro familias de ciervas con sus correspondientes bambis de todas las edades nos dan los buenos días en zona de pastos y asueto.

 

Sin estridencias ni brusquedades, los animales caminan pausadamente hacia el espesor de la montaña mientras nosotros reiniciamos la marcha dechados de felicidad tras captar un video en lontananza ocultos tras el ramaje de un portentoso pino al pie de la calzada forestal.

 

La ruta es hoy, además de poéticamente perfecta por esa luz tenue y borrosa en la distancia, brutalmente serena. El silencio es ensordecedor hasta que, en la distancia, cuento los pasos que le quedan a un vehículo cuatro por cuatro que resulta ser de las brigadas forestales de la Generalitat. Al poco, otro tanto con cuadrilla de Hidraqua, tal vez controlando los sinclinales del Madroñal, allá por el rincón abrupto de Vivens.

 

 

Llegados a los pies de la caseta de la guardería del Alt la Martina, realizamos la primera severa parada en la que no falta ni el agua ni el chocolate puro de nuestra querida Xixona. Hasta los expertos dicen que es un buen aliado para el cerebro.

 

 

Resulta que hallamos aposento y silencio ensordecedor a lomos de un bebedor para la fauna salvaje de todos los tamaños. No en balde, mientras degustamos ese cuadrilátero de cacao las pezuñas de un cuadrúpedo delatan el movimiento próximo de lo que resultó ser un muflón de considerables hechuras y porte. Regresa a su punto de partida en el mismísimo momento que avista nuestra callada presencia. Cuán bien hizo aquel funcionario agente medioambiental pidiéndole al Ayuntamiento xixonenc la construcción de este y algún que otro bebedor para nuestros animales salvajes.

 

Hemos observado que las manzanillas, tomillos, cantauesos, enhebros, aliagas, absolutamente todas y todos, están danzarines hoy

 

 

Por doquier hemos obsevado que las manzanillas, tomillos, cantauesos, enhebros, aliagas, absolutamente todas y todos, están danzarines hoy. Como si se alegraran de que se ahorran una jornada de sol justiciero en este verano nueva y tristemente avanzado más de la cuenta.

 

Bajar de nuevo por la costera del barranco de Ibi contando los tres o cuatro barrancones a su vera es devolverle parte de la memoria a nuestros antepasados, fenicios en grado sumo para trasladar sus bienes y mercancías entre Xixona o más abajo, próximos al mar, y la cuna del juguete. Es un pequeño o gran homenaje a esa memoria latente que ningún senderista puede desperdiciar.

 

 

La ropa de hoy pesa más de la cuenta por el efecto de esos enhebros humedecidos desde el alba que asaltan el camino sin solución de continuidad hasta convertir nuestro pantalón en toalla y nuestros pies, en piel de altramuz o haba. Tiempo ha habido para empaparnos mientras abordamos toda la bajada de tamaña costera, saludamos al salt del moro hoy seco como una mojama y nos encaminamos hacia las casas y corrales cueva de fábrica perfecta con piedra seca.

 

 

Llegar a la font de gordollabos, donde los lobos aún no han aullado al contrario que el permanente arrullo de las palomas torcaces echando ya cama y nido al mismo precio en los pinos de esa suerte de Suiza xixonenca. Nos referimos a la senda ascendente a la Penya Reona henchida de naturaleza viva, incipiente, electrizante, juguetona, diríase que en ritual de berrea de mayo.

 

 

Hasta la naturaleza muerta tras los huracanes invernales parece haber renacido entre chasquidos de sus cenizas crepitantes.

 

 

Y en eso que el cielo, que sigue cerrado a cal y canto, inicia su particular diálogo con cantos de lluvias de primavera de media tarde buscando ya el crepúsculo. Esa forma de hablar del gris capote de arriba nos obliga a aligerar el paso por esa bendita pista en la cordillera de la Carrasqueta, otra suerte artificial de esta naturaleza casi siempre virgen de la montaña xixonenca. Cruce de caminos y culturas.

 

 

 

Llegamos, acompañados de truenos y chaparrones generosos, a nuestro punto de destino tras una circular espléndida, diríase que balsámica, entre notas sueltas de trompeta a mil y pico metros de altitud con las que contigo, naturaleza jijonenca, algo siempre aprendí.

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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