Viaje al centro de la Tierra jijonenca entre losas charlatanas

Quizá una falla hace miles de años, quizá movimientos telúricos posteriores, fueron el origen de esta formación montañosa única en su género, un lugar misterioso, con hechizo, magia y encanto denominado les Penyes de Roset, que incluso dieron pie a la composición de un pasodoble, siempre icono del senderismo aunque no exento de riesgos serios

Un maestro de periodistas de los de antes, o sea, de los de verdad, me dijo hace más de treinta años que las cosas en caliente cuestan menos de redactar y quedan mejor vestidas. Así que hallamos hueco en nuestra agenda del día a día, y nos ponemos a contar la caminata de hoy mismo, a sólo dos jornadas del popular Mig Any festero xixonenc, sin duda, una buena ocasión también para hacer turismo por la provincia y venir a visitar el pueblo del turrón y de las montañas.

 

Esta misma mañana de jueves de febrero invernal impropio por no bajar lo más mínimo el termómetro he estado en un lugar de #Xixona con magia y hechizo y misterio; silencioso salvo el graznar del grajo y el aleteo explosivo del águila o la colisión milimétrica de losas casi calcadas de calizas; verde de musgos y líquenes; rosáceo de almendros indómitos; endiabladamente salvaje y no exento de riesgos; con cielo abierto y limpio embalado en oxígeno luminoso y oloroso; un encanto de sitio, único y exclusivo…

 

 

Hay coches hoy, varios, en el pequeño aparcamiento que antecede a la fuente de Roset, cuyas imágenes tras las lluvias de abril de 2022 siguen en la memoria, pues el reventón del acuífero fue histórico y duró varios meses. Hay coches y hay senderistas en la montaña. Uno baja ya de la zona de las cavernas, de las simas, de las cuevas de Roset y en un tris tras desaparece de nuestra vista.

Debe ser algún runner de los que hacen traiking o como Dios quiera que se llame (con tanto anglicismo desparramado) el subir y bajar de forma rápida y veloz por riscos y laderas pedregosas de este paraje singular.

Aquí arriba las piedras hablan. Y tienen vida propia

 

Aquí arriba las piedras hablan. Y tienen vida propia. O sea, que el diálogo, más allá de la tertulia entre el escribiente y su guía senderista, creador inmenso de la página de Facebook SENDERISMO FOTOGRÁFICO, Miguel Valois, el diálogo, decíamos se mantiene de buena mañana no entre personas, sino entre humanos y losas calcáreas, secas, marrones y charlatanas.

Charran y charran y vuelven a charrar. Las piedras, secas y con líquenes vírgenes verdes y turquesa, a veces azules cielo, charran sin parar. Son locuaces en Roset, que también ha dado nombre a un pasodoble del maestro Sempere cuya percusión también pareciera hecha con cantos rodados y piezas de mampostería salvaje.

 

 

Confundí, para guasa de mi pandilla de chacones, dillunsos, popes y burilos, una de esas rapiñaires con un jabalí con alas

 

Hablan amarronadas losas de calizas y hablan también, dentro de la gran caverna de Roset, los grajos, huidizos siempre, en alto vuelo pese al calor primaveral, del ataque del águila perdicera y de las aves de rapiña de porte grande, habituales por aquí. Incluso cuando era niño, que confundí, para guasa de mi pandilla de chacones, dillunsos, popes y burilos, una de esas rapiñaires con un jabalí con alas.

En realidad, de aquella caverna, que no es la que hoy hemos visitado sino otra más arriba con más musgo y murciélagos, voló raudo y veloz un enorme búho real, especie quizás ya desaparecida en estos tiempos.

La memoria, que hasta que tiene mecha es inexcusable compañera de viaje, me trae de súbito la imagen de esa portentosa montaña de losas y más losas milimétricamente distanciadas hasta que las pisas y se hace la música padre. Pues bien, tras escalar por aquel ribazo de piedras y más piedras, servidor llegó a cruzar hasta el alto de la primera querena o alto de la sierra del Migdia.

Eran tiempos en los que aún no había habido ningún gran desprendimiento en la zona, al parecer, mucho más frecuentes de lo que se cree en los últimos años, a juzgar por otras montoneras de piedra seca en el flanco sur de Roset.

 

 

La sima vestida de musgo nos recuerda algunos escritos sobre la caída de Valls, un hombre que, al parecer, accidentalmente murió en el abismo hace muchos años, más incluso de los estudios realizados por excursionistas y espeleólogos de Alcoi, entre cuyos miembros figuraba el xixonenc Barrachina.

 

Dejamos, muy a nuestro pesar, simas, cavernas y cuevas que llevan al abismo, al mismísimo centro de la tierra jijonenca, y enfilamos el sendero entre piedras charlatanas, demasiado locuaces hoy, hacia el anfiteatro, una suerte de punta de sierra redondeada con colores de lluvia de barro y de sangre que hace las veces en la mente de un escenario clásico, de ahí el nombre con el que fue bautizado no se sabe muy bien por quién.

 

 

Para días de lluvias y fangos y aguanieves y pedriscos, que llegarán, objetivamos nuestra cueva cama.

 

 

 

 

Aún hay tiempo para seguir oyendo hablar a las losas charlatanas, porque esto es un nunca acabar.

 

 

De losas a monolitos de piedra que hacen las veces de contraparada, de escudo eficaz, para que crezca el árbol silvestre. A mitad de camino entre un trozo y otro de cordillera, a la vista de ese enorme bocado que partió en dos la montaña hace millones de años y dejó al otro lado la más famosa Carrasqueta, prima hermana de la Penya Migjorn.

 

 

Tan asilvestrado me he levantado hoy que he tomado las de Villadiego y, en lugar de regresar por el sendero de la pedrera de Roset, quiero acortar cambiando de ruta y me meto de lleno en los veriecuetos de a palmo de las cabras arruis, los muflones y los jabalíes verracos.

 

 

Lo dicho, acabo hoy con regusto a montaraz bocado y, al estilo cabra, como empecé, me toca desandar lo andado para encontrarme de nuevo con el guía senderista Miquel, siempre al quite entre palos puntiagudos de embestidas imprevistas en la sierra por su imprevista, súbita, vertiginosa verticalidad abismal.

 

Belles Penyes de Roset de Xixona, producte d’una falla

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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