Fecha actual:19 agosto, 2022

«Ante el acecho del halcón aparecido por Vistabella, la gente irrumpía a gritos y silbidos»

Relata el escritor Antonio Monerris Hernández en uno de sus relatos anexos al libreto ‘Antiguas Costumbres Jijonencas’, editado por la Asociación de San Bartolomé y San Sebastián en el año 1985, que «en la señal de fiestas las banderas de las capitanías recorrían las principales calles de la población acompañadas de la banda de música local y, al final, surgía la algarabía»

«El bache que, irremediablemente, terminaba en la celebración del miracle era bien soportado. Los vendedores ambulantes de agua de cebada y limón helado hacían una buena temporada en la canícula.

Y por las mañanas, cuando los hombres almorzaban en la plaza, cuando degustaban el pan tostado al horno o el mincho, solía darse un caso insólito.

Súbitamente y, como si fuera adrede, aparecía por la umbría de Vistabella un halcón, ave rapaz volando a considerable altura, cara a levante y torciendo bruscamente hacia la ciudad, en fatal observación de los palomares, que en gran número se encontraban situados en los tejados, azoteas y terrados.

Ante el acecho siniestro del ave, la gente irrumpía a gritos y silbidos como tratando de ahuyentar al ave rapaz de su rastrero vuelo y torpe instito que, finalmente, y como por arte de magia, el maldito halcón desaparecía por poniente, sin despedirse definitivamente de sus tétricos vuelos por los espacios jijonencos.

Llegado que hubo la fiesta del milagro, revestía un doble significado de la misma. La conmemoración del suceso antedicho en la ermita de San Sebastián, en la calle Arrabal, el 24 de julio de 1600, en la que la imagen del santo, representativa de un oficial de la guardia imperial romana, asaeteado por miembros de la misma guardia por su condición de cristiano sin tibieza, vertió lágrimas ante la inminente aparición en la ciudad de una gran epidemia de peste, suceso acaecido en el citado día de Santa Cristina, culminado por el hecho de no haber llegado aquí la espantosa epidemia.

Se preparaba la señal. La añada campesina se presentaba muy buena como asimismo la situación de la ciudad en cuanto a su auge económico y notable elenco de comparsas

Tras la celebración religiosa en dicha ermita, se procedía a la fiesta propia de la calle citada, al mismo tiempo que se preparaba la señal de las fiestas mayores, ya que la añada campesina se presentaba muy buena como asimismo la situación de la ciudad en cuanto a su auge económico y notable elenco de comparsas para participar en los Moros y Cristianos.

El acto, por la tarde, no era muy complicado. Las banderas de las capitanías de fiestas recorrían las principales calles de la población acompañadas de la banda de música local y, al final, surgía la algarabía y el comentario animado entre el público ante el acto simbólico de la consolidación de los tres días grandes.

La espera de estas brillantes jornadas se hacía harto pesada».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.