Fecha actual:21 marzo, 2019

Casa Mira de Madrid: un bocado de turrón artesano para reyes y diputados

Luis Mira Espí fue todo un emprendedor para la época, pues hace la friolera de 176 años llenó de dulces jijonencos su carro tirado por dos burras y se instaló en Madrid, primero en la Plaza Mayor y poco después junto a las Cortes Generales, donde sigue el negocio de la mano de su tataranieto Carlos Ibáñez

Tienda de Casa Mira, ahora 'Hijos Sucesores de Luis Mira', en plena Carrera de San Jerónimo de Madrid, junto al Congreso./FOTO MIRA

Tienda de Casa Mira, ahora ‘Hijos Sucesores de Luis Mira’, en plena Carrera de San Jerónimo de Madrid, junto al Congreso./FOTO MIRA

Hablar de turrones made in Jijona en Madrid es, por historia, tradición y actualidad, Casa Mira, fundada nada más y nada menos que en el año 1842 por el jijonenco Luis Mira Espí. Todo un emprendedor para la época. Como bien lo define el químico, profesor y estudioso de la historia Lluís Garrigós i Oltra en el libro ‘El Turrón y su Museo. Cuestiones básicas sobre la evolución histórica de la tecnología asociada a la fabricación del turrón de Jijona y productos relacionados’, editado en el año 2007 por la empresa Almendra y Miel (propietaria del Museo del Turrón de Jijona), Luis Mira Espí fue el primer jijonenco que ‘internacionalizó’ el turrón y los dulces exquisitos made in Jijona.

Lo cita Garrigós Oltra para argumentar los hitos en la mecanización de la industria artesana del turrón alicantino y asegura que “al finalizar el primer cuarto del siglo XIX la tecnología de elaboración del turrón de Jijona se hallaba ya introducida y consolidada. A partir de 1875, este producto incrementa su presencia social, como lo acreditan ciertas promociones en las que los productores se anuncian como proveedores de la Real Casa española (y también la italiana)”.

En efecto, el máximo exponente de esa vinculación del turrón made in Jijona con la Casa Real española lo ejemplifica precisamente Luis Mira Espí y su negocio Casa Mira, fundado en 1842. Regentado ya en quinta generación por Carlos Ibáñez Méndez, el tataranieto de aquel visionario del dulce negocio en la capital de España, Casa Mira destaca por dos hechos que han determinado y siguen determinando su popularidad: sus dulces artesanos son un rico bocado para reyes y…para Diputados.

Un retrato enmarcado con la imagen de Luis Mira Espí preside la tienda de Madrid.

Un retrato enmarcado con la imagen de Luis Mira Espí preside la tienda de Madrid.

Sus señorías, independientemente de su ideario político, tienen Casa Mira a tiro de piedra. Y de antiguo que lo han dejado patente, pues el negocio que creó Luis Mira Espí ha sido testimonio fiel y fidedigno del devenir del tiempo en fechas próximas a la Navidad (o no necesariamente) precisamente por la constante presencia de clientes con acta de diputado. No en balde, la extrema proximidad del negocio, en plena Carrera de San Jerónimo, frente a las Cortes Generales, ha permitdo a Casa Mira ser un polo de atracción permanente para sus señorías. También siempre muy golositas.

Desde siempre, punto de peregrinación de golosos devotos…

Ya lo explica la empresa, gestionada ahora por Carlos Ibáñez Méndez, en el capítulo dedicado a la historia en la web ( http://www.casamira.es) : “Desde su fundación, en 1855, esta casa centenaria en turrones se ha convertido en punto de peregrinación al que acuden golosos devotos. Sus secretos: recetas artesanales, productos de primera y una atención exquisita a su fiel clientela”.

Con una inusitada vista y un colosal olfato para los negocios, Luis Mira Ibáñez, un maestro del turrón artesano, quiso probar suerte en Madrid. Y lo hizo, tras abandonar su Jijona natal, acompañado por dos burras que tiraban de un carro completamente repleto de turrón. Reza la leyenda, porque ya lo es, que su primer viaje lo tuvo que realizar hasta cuatro veces, pues tenía que regresar a su obrador jijonenco: el turrón no sobrepasaba, como muchos, los confines de Albacete al apreciar muchos ciudadanos de infinidad pueblos y villas de hace siglo y medio la exquisitez que llenaba su carruaje.

Explica la empresa en su web, haciendo un repaso por la historia, que “Cuando Luis Mira llegó a Madrid tenia 21 años y un espíritu emprendedor que lograría que su fábrica de turrones se convirtiera en proveedora de la real Casa de Isabel II, de Amadeo de Saboya, de Alfonso XII, de la Regencia de María Cristina y de Alfonso XIII. La extraordinaria calidad de la materia prima y su cuidada elaboración, hicieron que la fama de los turrones de Mira se extendiera rápidamente. Luis Mira tuvo cinco hijos, cuatro niñas y un varón que murió a los veinticuatro años. El apellido se ha perdido en sus herederos Carlota Mira, la hija mayor, casada con el alicantino Vicente Ibañez, que tomó las riendas de la empresa a la muerte de su padre. En el siglo XX se ocupó del negocio el matrimonio formado por Carlos Ibañez y Ángela Cremades y luego continuó regentando su hijo Carlos Ibañez hasta principios del siglo XXI”.

Se utiliza siempre almendra marcona de España que es tiene un tamaño más pequeño que la californiana, pero tiene más sabor y la miel es de romero

“Los actuales “Hijos sucesores de Luis Mira”, como reza el rótulo de la entrada, constituyen la sexta generación que desciende por línea directa de aquel Luis Mira que actualmente esta regentada por su tataranieto Carlos Ibañez Méndez, que continua conservando desde luego los métodos artesanales y logrando siempre la mejor calidad”.

Famosa por estas fechas prenavideñas por las colas que se forman frente al establecimiento, al igual que ocurre en otros negocios igual de históricos de Barcelona o Bilbao, Casa Mira hace gala de seguir conservando aquella tradición de quien fuese Caballero Tocado del Rey y portador de la Real Orden de Isabel la Católica. “Además, Luis Mira obtuvo un Grand Prix en la Exposición Universal de París de 1899, lo que ilustra de forma clara la importancia de este establecimiento cercano al Congreso de los Diputados”,  subrayan los actuales regentes.

Uso de almendras marconas y de miel de romero, clave del éxito

El negocio que ahora regenta Carlos Ibáñez Méndez trata de basar parte de la clave de su éxito, si no la más básica, en la materia prima de sus elaboraciones. «Se utiliza siempre almendra marcona de España que es tiene un tamaño más pequeño que la californiana, pero tiene más sabor y la miel es de romero».  Jijona, Alicante, yema, mazapán, mazapán con fruta, chocolate, coco, pan de cádiz y yema quemada, así cono pastelería xixonenca como polvorones envueltos a mano uno a uno, la anguila de mazapán rellena de yema, figuritas de mazapán, pasteles de gloria, de yema, frutas glaseadas de todo tipo como naranja, limón, pera, calabaza, batata, guindas, ciruelas, melocotón o albaricoque…

La tienda conserva ese sabor a almendra tostada de muchos años de existencia, a esa especie de Babel que es la Carrera de San Jerónimo y a esa historia personal y del producto. El cartel aparece labrado en oro y soportado por cuatro columnas de caoba rematadas por sendos capiteles clásicos.

Un siglo y medio después, referencia clara en la capital de España para reyes y diputados golosos. Y para cualquier mortal que sepa apreciar el buen  y dulce yantar, el exquisito hacer artesano made in Jijona, la verdadera cuna del turrón en España por tradición y por amor al oficio.

Bernat Sirvent Coloma

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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