Collao Xixona-Relleu bajo el vigilante Cabeçò d’Or, otra cuesta de la Mare Déu y otra rogativa

Un reto personal tanto del relator como de sus acompañantes hoy (por el lunes 18), el gran senderista Valois y Dimas Colomina, el presi de la Unió Musical Xixona, de siete horas y 29 kilómetros prácticamente sin descanso con un sol de justicia y caminos polvorientos entre el centro urbano de Xixona y el de Relleu, un auténtico do de pecho salpicado de naturaleza salvaje, vistas idílicas hacia la bahía y nueva invocación para el milagro de la lluvia

Un reto nuevo que requiere interpretar a eso de las siete, en el primer selfie para dejar constancia de la hazaña frente al nomenclátor xixonenc, primero redondas y blancas para pasar, ya a la altura del cementerio y la finca La Algarroba, a las corcheas y las semicorcheas, que se tornan en fusas y semifusas en el primer empinado repecho, la costera dels Almaens o de Mollana o de la Mitja Llegua.

Un reto de tres músicos senderistas jijonencos que nos llevará hoy, de nuevo, a la vecina (por limítrofe en el colla del mismo nombre) Relleu y porque, sin duda, nuestros y sus antepasados, fenicios de santo y seña y origen ancestral, transitaron por la zona con sus mulas y alforjas repletas de grano, aceite y vino.

 

 

No sin antes cubrir esos 29 kilómetros entre el puente de Alcoi xixonenc y el puente del río Amadorio de Relleu. Siete horas de polvorientos pasos en un marzo tan atípico, impropio y preocupante, climatológicamente hablando, cuanto que hasta almendros, olivos e incluso madroños no tienen ganas de florecer ni mucho menos de ponerse a parir el futuro fruto.

Y siempre mirando hacia atrás porque las imágenes panorámicas son, hacia el norte y hacia el sur, directamente proporcionales a la paz, al sosiego y al bienestar de espíritu íntegro, como esa del cabo de Santa Pola lanzando los primeros bostezos. A dos luces como quien dice desde las faldas dels Almaens y ya de buena mañana mucho más arriba, en la campiña ahora más desértica de lo normal de Abió y Serra, reductos de auténtica naturaleza salvaje al abrigo del imponente Cabeçò d’Or, icono de la geografía jijonenca y alicantina: vigilante mudo de todos nuestros pasos por este mundo.

 

Una suerte de Verge aupada a un coche de desguaces La Torre
acompañada por un feliz Nacimiento de Jesús de Nazaret

 

 

Como figura de vigilancia más perenne que la hoja de los millones de pinos carrascos de por aquí se erige ese santuario del famoso mecánico y enólogo jijonenco. Una suerte de Verge aupada a un coche de desguaces La Torre acompañada por un feliz Nacimiento de Jesús de Nazaret. Aprovechamos, pues, para esa primera rogativa en clave de milagro que, un poco después, se consolidará allá lejos, en las laderas de los Bortolons relleuenses.

 

Un espantapájaro con gorra publicitaria nos saluda a nuestro paso, que es tan firme como el pentagrama de semicorcheas y fusas del metrónomo de esta ruta asalvajada por su desmesurada distancia y longitud real.

 

 

Contemplados también por ese pedrusco llamado cantal de Tormo, otro testigo mudo de nuestro frenético caminar para llegar en tiempo y forma al homenaje del yantar, al balcón gastronómico en destino que nos espera con pescado fresco, seguramente traído expresamente para el escuadrón unionista desde algún barco arrastrero vilero.

 

Ciertamente la inmensidad de otro icono montañoso como lo es Penya Migjorn, otra vez con la cara demasiado sonrojada por haberle dado anoche a la bota de vino más de la cuenta, se pone de relieve de nuevo conforme ascendemos y descendemos desde las estribaciones de la Grana, otro as de oros en la manga de la rica naturaleza de la Costa Blanca.

 

Esas caras y caras y caras distintas y, al mismo tiempo, parecidas de un cerro Migjorn que a todos nos agrada por muy cerca que estés del límite final jijonenco.

 

Un collao, arriba, tras una sempiterna costereta, también denominada de la Mare Déu por los lugareños, con semejanzas evidentes por los soplidos del caminante que no atisba el final por mucho que la brisa refresque ligeramente el ambiente aquí arriba en este primaverano invernal.

Siempre bajo la vigilancia estrecha de la espalda ancha del Cabeçò d’Or, siempre bajo la atenta mirada de las perdices de panza parda, siempre bajo la sigilosa observancia de algún marrano encamado a la sombra de un gigantesco enhebro.

 

Es traspasar ese límite, ese mojón del cruce de caminos y culturas y vecindades por el azagador principal, por caminos reales y vías pecuarias ancestrales, y toparte de bruces con la inmensidad del valle de Relleu con la majestuosa cabeza punzante, al fondo, del impenetrable Puig Campana. El valor de Valón.

Y es observar lo generosa que a veces es la naturaleza, pese a las magras lluvias de los últimos meses por no decir años. Crecen pimpollos y pinachos y pareciera que lo hacen por generación espontánea, sin respetarse los unos a los otros, lo que ofrece un manto verde que parece en la distancia de terciopelo de coníferas bordadas a mano.

 

 

 

Otro día subiremos y accederemos al ciclópeo ojo del monstruoso cabezo dorado por si por una de esas hallamos alguna pintura rupestre que nos hable de nuestro verdadero pasado como agricultores y cazadores neolíticos en la inmensidad de la sierra relleuense.

 

 

Si todos los caminos llevan a Roma, el de hoy nos lleva, con más sudores de lo normal, hacia el balcón gastronómico y la garganta relleuenses. Y a los ciclistas que nos pasan raudos por la carretera de Aigües seguramente a alguno de los hoteles especializados en las dos ruedas de Benidorm, l’Alfàs, Calpe o cualquier otra meca turística de primera línea de esta Costa Blanca montaraz y arenal, diversa y espectacular.

 

¡Tierra a la vista!

En verdad, Relleu está ya próximo para culminar este reto senderista y esta mañana de compañerismo y unión de tres jijonencos.

 

Tierra a la vista y a la vista y, tras salvar de nuevo las llamativas partidas rurales de Rancalloses y Macaroves, que nos hablan de un pasado indefectiblemente en valenciano por estos límites, mal que les pese a algunos recalcitrantes castellanizantes, los balcones de la manduca.

 

 

No sin antes una nueva rogativa, esta vez por parte del relator en silencio, para que el remedio del agua llegue en forma de milagro de la mano de la patrona de Relleu, la Mare de Déu del Miracle.

A la que prometemos obsequiar con un presente de turrón a la piedra con exóticas canelas si antes del día de la Resurrección del Señor empiezan las ansiadas precipitaciones.

Hoy el calamar, cocinado a la romana debajo de angosos cañones y presas y acequias, en La Vila, sabía a gloria en este altar gastronómico encima del pantano artificial de Relleu. Una pequeña torre de Babel de terrazas sonrojadas y de cuerpos serranos expuestos al sol de un atípico marzo.

 

 

Regreso a la pasarela entre digestivos para evitar pájaras indeseadas, al angosto estrecho hoy visitado por bilbainos, madrileños, catalanes, uruguayos y hasta polacos en este falso puente josefino.

 

 

Expresión máxima del éxito de sumar corcheas o fusas o notas de aliento como si de la interpretación fina de un pasodoble dianero se tratara

Con la imagen del bravo Dimas sobre ese puente de madera, con brazos en alto síntoma inequívoco de alegría, solaz y satisfacción por cumplimiento de un reto tras miles de pasos por cerros, peñascos y veredas, con esa imagen decimos, nos quedamos hoy como manifestación máxima del éxito de sumar corcheas o fusas o notas de aliento como si de la interpretación fina de un pasodoble dianero se tratara desde que hoy amaneciera plácidamente en la tierra originaria del turrón.

 

Cruce de caminos tras la parada y fonda, hacia Alcoy, hacia Alicante y hacia nuevos retos. Cada mochuelo a su olivo y Dios en la casa de todos y que la Verge dels Esbarzerets de Ibi i la Mare de Déu del Miracle de Relleu lluvia abundante y generosa nos traigan en breve, si acaso de modo inminente.

 

Brad Pitt y Angelina Jolie en la Pasarela de Relleu

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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