Fecha actual:24 mayo, 2022

De Jijona al cielo: Memoria taurina, la corrida benéfica de 1927

El archivero bibliotecario de Xixona, José Bernabé Ruiz, explica con prosa amena y sencilla la afición por la tauromaquia en un excelente artículo publicado en la última edición de la revista oficial de fiestas, ‘El Programa’, y asegura que el primer antecedente documentado de la fiesta nacional en el pueblo del turrón es del año 1525

Arranca su artículo José Bernabé Ruiz señalando que «con motivo de un festejo organizado por el Ayuntamiento de la ciudad en 1927 a beneficio del Hospital Asilo Cabrera, un cronista conocido de la prensa alicantina, que firmaba con el seudónimo de Pica-Dura, proclamaba solemnemente que Jijona había entrado en el concierto de las poblaciones que por su importancia alzan y ostentan templos, donde se rinde culto a la gran fiesta nacional. En un estilo grandilocuente, la cita pone de relieve el sentir taurino que reinaba en otra época».

Asegura que la primera persona que descubrió una noticia taurina en Xixona fue el profesor José Hilarión Verdú mientras investigaba para su tesis doctoral (Lo retrobament: Sexona, Xixona, Jijona) en el Archivo Histórico de Jijona. Detectó una acta notarial del año 1525 donde se hacía referencia a la pretensión que en la entonces vila de Sexona tenían algunos vecinos de «fer un corro de bous».

José Bernabé Ruiz, el archivero bibliotecario, también explica que hace algunos años él mismo encontró en el Archivo de Xixona (Libro de Propios y Arbitrios de la Ciudad de Xixona, 1714-1771) otra mención clara a la fiesta. En enero de 1715 los regidores se reunieron en Cabildo para aprobar los capítulos que debían regular el abasto de carne.

El abastecedor o abastecedores por cada tabla de carnes ayan de dar a la Ciudad dies libras, moneda de este Reyno, en el día primero de agosto, las quales han de aplicar a una corrida de novillos

En una época de escasez y donde el comercio estaba poco desarrollado, era fundamental asegurarse el suministro de alimentos para evitar las temidas hambrunas. Es por ello -prosigue José Bernabé Ruiz– que el Ayuntamiento sacaba periódicamente a concurso el abasto de diversos productos esenciales, entre ellos la carne. Una de las condiciones aprobadas fue que el abastecedor o abastecedores por cada tabla de carnes ayan de dar a la Ciudad dies libras, moneda de este Reyno, en el día primero de agosto, las quales han de aplicar a una corrida de novillos.

«La cita no deja lugar a las dudas», afirma José Bernabé Ruiz, «pues en los pliegos de condiciones del abasto de carne del año 1717 vuelve a incluirse la cláusula anterior sobre la tasa destinada a celebrar una corrida de novillos».

José Bernabé Ruiz cita otra noticia interesante sobre la afición taurina de Xixona de casi un siglo después. El hospital de Xixona, que atendía a los pobres enfermos desde tiempo inmemorial, organiza en el año 1801 una corrida de novillos con el objeto de sostener su maltrecha economía, mantenida a base de mandas testamentarias y limosnas.

Además de las corridas y capeas, una tradición taurina muy popular fueron los encierros y sueltas de vacas, que se realizaban de manera parecida a como se practican en Tibi y otras localidades cercanas, explica el archivero xixonenc. Los toros se corrían en el lugar más céntrico, en la Plaza de Alfonso XIII, cuyos accesos se cerraban con tablones de madera. El bullicio era enorme, acudiendo un grean número de mozos y mycho gentío en balcones y ventanas. Desde unos establos fuera de la ciudad, el ganado era condicido hasta encerrarlo en un toril, situado cerca del castillo de fiestas, al final de la plaza.

A los toros les ponían en los criminales cuernos unas almohadillas atadas fuertemente como si fuesen unos guantes de boxeo

A los toros les ponían en los criminales cuernos unas almohadillas atadas fuertemente como si fuesen unos guantes de boxeo, escribe José Bernabé Ruiz citando a su vez un libro de Jan y Cora Gordon, La gente sencilla de España, dos artistas bohemios ingleses que visitaron Jijona en el año 1920. Según le cuenta el Cronista Oficial, Bernardo Garrigós, al archivero local, José Bernabé Ruiz, la tradición de correr los toros y vacas en la plaza del pueblo perduró hasta principios de los años 80. Made in Jijona tiene documentos gráficos propios que acreditan ese aserto.

Un momento álgido en la memoria taurina de la localidad turronera, prosigue el archivero municipal, sucede en el año 1887, cuando se construye la plaza de toros, el primer recinto estable y específico para la lidia. La obra se ubicó en la parte meridional de la ciudad, entre el Carreró de l’Ereta y la Plaça de les Monges.

Donde estuvieron las primeras escuelas públicas de Xixona

«El sitio era el más adecuado para este fin. A la entrada de la población viniendo de Alicante, era un espacio amplio y despejado. En esa plaza estaban las escuelas públicas, las primeras que tuvo Xixona antes de inaugurarse el colegio Eloy Coloma a finales de 1932» explica José Bernabé Ruiz en el artículo publicado en El Programa de agosto de 2021.

El coso taurino abarcaba una superficie de 625 metros cuadrados y se inauguró en agosto de 1887, aprovechando las fiestas patronales dedicadas a San Bartolomé. Para ello, se organizaron dos corridas de novillos de carácter benéfico para socorro domiciliario de pobres enfermos.ç

Bernabé prosigue explicando que la conocida obra de José María de Cossío (Los toros) sobre los toros nos dice que la plaza de Xixona era de mampostería y ladrillo, adoptando forma casi redonda. De un solo piso, su aforo era de 1.600 espectadores, cifra nada desdeñable dada la población de la localidad, que estaba en 6.524 en 1887.

Tenía una caballeriza, un corral para el ganado, seis chiqueros y un cuarto para toreros que servía también de enfermería

Se accedía al recinto por dos puertas y tenía una caballeriza, un corral para el ganado, seis chiqueros y un cuarto para toreros que servía también de enfermería. Justo al lado estaba el matadero, una pequeña edificación de 1858.

Sin fecha de cierre de la plaza de toros, que fue carpintería de El Almendro

Dice desconocer cuándo se cerró la plaza de toros de Xixona, ya bien entrado el siglo XX. Y apunta a que su último destino había sido como carpintería de la empresa de turrones El Almendro.

El archivero cita al que fuera Cronista de Fiestas de Xixona, Antonio Monerris Hernández, el cual escribió en 1966 un artículo sobre los toros en Xixona. Afirma Monerris que, tras ser abandonada la antigua plaza, se levantó otra cuya existencia fue muy breve. Este segundo coso llegó a ocupar unos solares de la plaza Alfonso XIII (Avenida de la Constitución), junto a la calle Doctor Fleming, a espaldas del Cine Imperial (Cine de Dalt). Era de forma rectangular y totalmente de madera.

Fue en esa plaza efímera donde se celebró una corrida de novillos benéfica, el 18 de septiembre de 1927, que ha dejado bastante rastro documental en el Archivo Histórico de Xixona. Fue todo un acontecimiento, explica Bernabé, en aquellos alegres años veinte. Creemos que la plaza se instaló para las fiestas de agosto y debió desmantelarse tras la novillada benéfica. Pero no está documentado, según Bernabé.

«La corrida de 1927 recuerda a la celebrada en 1801, pero en esta ocasión las ganancias irían íntegramente al Hospital Asilo Cabrera justo cuando cumplía su décimo aniversario», afirma. Fundado con fondos legados por Vicente Cabrera, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados se establecieron en la localidad en 1917 con el objeto de atender a las personas mayores más desfavorecidas.

La idea de organizar el evento benéfico taurino partió del alcalde Eloy Coloma, gobernante empeñado en mejorar la vida de sus conciudadanos. Eloy Coloma Sirvent (Xixona, 1870-1933) era de profesión maestro, pero al llegar a la edad madura sintió la llamada de la política. Además de embellecer la ciudad, desarrollar servicios públicos y proteger la industria local, impulsó la construcción de edificios notabloes como Casa de Cultura (antiguo cuartel de la Guardia Civil, o el colegio que lleva su nombre. Entró de alcalde en febrero de 1925. Y dos años y medio después, en septiembre de 1927, era nombrado Alcalde honorario perpetuo en respuesta a una amplia solicitud popular.

El alcalde de Xixona, Eloy Coloma Sirvent, fue decisivo

En el verano de 1927 Eloy Coloma decide, en nombre del Ayuntamiento, patrocinar una corrida de novillos a beneficio del Asilo. Para ello necesitaba la participación de personas que creyeran en el proyecto. Lo primero fue si podía contar con el empresario de la plaza de toros, que era Fernando Galiana Miralles. El padre del conocido y Cronista Oficial de Xixona, Fernando Galiana Carbonell, era un respetado industrial por aquellos años. Tenía una fábrica de turrón en la calle Carlos Regino Soler (actual Alcoi) y la empresa familiar había abierto dos factorías más en tierras americanas, una en Buenos Aires y otra en Montevideo.

Tras conseguir la colaboración de Fernando Galiana, había que buscar un novillero que estuviera dispuesto a torear gratis: Francisco Rodríguez Iborra, Niño de la Alhambra

Tras conseguir la colaboración de Fernando Galiana, había que buscar un novillero que estuviera dispuesto a torear gratis. En esos momentos había un deistro alicantino, explica Bernabé Ruiz, que estaba pegando fuerte. Se llamaba Francisco Rodríguez Iborra, Niño de la Alambra. El nombre artístico le venía de su relación con el conocido balneario La Alhambra, situado en la playa del Postiguet.

El joven novillero, de 18 años de edad, ya había conseguido torear en Madrid en la feria de San Pedro. El crítico taurino Pica-Dura lo alababa sin reparo alguno en el Diario de Alicante, el 17 de septiembre de 1927: «La carrera artística de este valiente torerito alicantino presenta facetas de diáfano resplandor».

Una vez se halla al diestro dispuesto a torear, era obligado firmar un contrato entre las partes, que por suerte se conserva. El documento sigue el modelo establecido por la Asociación de Mataderos de Toros y Novillos. El empresario de la plaza de toros, Fernando Galiana Miralles, se obliga a celebrar una corrida de novillos en la plaza de Jijona el domingo 18 de septiembre de 1927. Por su parte, el referido espada, acompañado de su cuadrilla compuesta de tres banderilleros y puntillero, se compromete a lidiar tres de los cuatro novillos que deben salir al ruedo.

Aunque el festejo es de carácter benéfico y el novillero no cobrará por su faena, la empresa debe abonar los honorarios de la cuadrilla más una serie de gastos fijos, como son «cincuenta pesetas por derecho de contrato, treinta para telegramas y diez para mozo de espadas, además los gastos de viajes y fonda».

El Metrallero lidió el cuarto novillo

El Niño de la Alhambra lidiaría los tres primeros novillos; faltaba un segundo diestro para el cuarto novillo. Al final, Ramón Sánchez, apodado Metrallero, da el visto bueno para «actuar como banderillero y sobresaliente en la corrida organizada por el Ayuntamiento de Jijona para el día 18 del actual». Metrallero también era alicantino y desde 1915 venía toreando como subalterno, sobre todo de banderillero.

Los encargados de tramitar la adquisición y transporte del ganado fueron José Bernabeu Planelles y Antonio Ramos Ausó. Ambos eran naturales de Xixona, pero el primero vivía desde hacía algún tiempo en Alicante, donde regentaba el bar La Marquesina, situado en el número 5 de la plaza Castelar, frente al Portal de Elche. Debido a su origen, era conocido por Pepe el Jijonenco y debía ser muy buen aficionado a los toros. Por su parte, Antonio Ramos era también turronero. Empresario muy activo, fue el encargado de montar la plaza.

Los toros pertenecían a la ganadería de Manuel Santos Sánchez, de la dehesa de Peñascosa, pequeño municipio de Albacete situado en la sierra de Alcaraz. Era una zona donde se criaba la legendaria casta Jijona, llamada así en honor al ganadero que comenzó su selección, Juan Sánchez Gijón. Es muy posible, afirma Bernabé Ruiz, que la raza de los novillos (casta Jijona) y el municipio donde fueron lidiados (Jijona) tuvieran el mismo nombre.

Autorización del gobernador civil

El 14 de septiembre de 1927 el gobernador civil autorizaba el espectáculo taurino. Había que captar al público. La publicidad era esencial y los carteles grandes se encargaron a la Tipografía Gutenberg, una de las más conocidas de Alicante, que pertenecía a Lorenzo Carbonell Santacruz, el que fuera unos años después famoso alcalde de Alicante. También se acudió al Diario de Alicante, uno de los periódicos más populares desde su fundación en 1907. Desde el 13 de septiembre, este medio fu publicitando diariamente el evento. Más las crónicas que por esos días fue firmando Pica-Dura, bajo cuyo seudónimo estaba Manuel Perales Montoya, conocido crítico de la fiesta nacional que llevaba la sección taurina en el Diario de Alicante, según contó el crítico taurino del diario La Verdad, Tirso Marín, en el año 2006.

Como colofón a la magnífica tarde de toros, los diestros fueron llevados a hombros desde la plaza hasta la pensión de la Viuda de Martín Verdú donde se alojaban

«De Jijona al cielo. Un día inolvidable en la maravillosa ciudad del turrón»

Todo estaba preparado para la tarde del domingo 18 de septiembre de 1927 y la fiesta de los toros vivía una etapa de esplendor y se había convertido en un fenómeno de masas. Como era de esperar, Pica-Dura acude al festejo y al día siguiente escribe una crónica encendida que ocupa la primera columna de la portada del diario alicantino. La titula : «De Jijona al cielo. Un día inolvidable en la maravillosa ciudad del turrón».

Niño de la Alhambra cortó las dos orejas al primero y al tercero de los novillos. Como colofón a la magnífica tarde de toros, los diestros fueron llevados a hombros desde la plaza hasta la pensión donde se alojaban. Los matadores y sus cuadrillas comieron e hicieron noche en la hospedería de la Viuda de Martín Verdú.

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