La más minúscula de las turronerías jijonencas de Barcelona: Casa Colomina

Así definía la periodista del diario El País el pasado mes de diciembre, en plena campaña de turrones y dulces de Navidad, el portal de la calle Cucurulla, de la familia jijonenca Toni Colomina desde el año 1908

 

«Una portería cuyos límites son los escalones y la puerta de acceso al inmueble. En la entrada conviven el portero automático a la derecha y un cartel antiguo a la izquierda que indica el horario y las direcciones de los tres establecimientos, pero uno de ellos, el de la calle Portaferrissa, ha desaparecido», relata la periodista.

 

Noemí Sirvent, empleada de la tienda desde hace 27 años, se emociona al explicar que esta empresa familiar que empezó en 1908 sobrevive en una ciudad turistificada donde se venden “dulces que no son turrón. El turrón de Casa Colomina es más que un alimento”, enfatiza.

 

Y explica que «cuenta Jaume Fàbrega en el libro Cuina i Cultura del Gust al País Valencià (Universidad d’Alacant) cómo a mediados del XX, en casi todas las ciudades catalanas, la llegada de los turronaires de Xixona suponía el inicio de la Navidad. Los jijonenses lo llamaban viajes de turrón y era una actividad complementaria a su trabajo en el campo durante el resto del año. Alquilar una tienda donde despachar sus productos ―turrón de Xixona, de yema tostada, peladillas o mazapanes― para tan corta estancia no era rentable, por lo que se ofrecían licencias provisionales en los bajos de los edificios o porterías, entre la salida del ascensor ―cuando lo hubo― y la puerta del inmueble, un acuerdo que no molestaba ni a inquilinos ni a clientes porque formaba parte de la dulce y colorida tradición navideña».

La foto es de ANTONIO RON

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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