Fecha actual:3 julio, 2022

La primera fase de la construcción del Pantano de Alicante o Tibi (1579-1581), por Jorge Payá

El hoy llamado Pantano de Tibi fue construido a finales del siglo XVI en dos etapas: una primera, entre el 18 de julio de 1580 y el 10 de noviembre de 1581; y la segunda y definitiva, entre las postrimerías de 1590 y 1595

CORRUPCIÓN, MALA ADMINISTRACIÓN Y DEFECTOS DE EJECUCIÓN SEGÚN EL TESTIMONIO DE PEDRO IZQUIERDO

ARTÍCULO DE JORGE PAYÁ (Dr. en Derecho por @UA_Universidad. Funcionario Adm. Local)

El hoy llamado Pantano de Tibi fue construido a finales del siglo XVI en dos etapas: una primera, entre el 18 de julio de 1580 y el 10 de noviembre de 1581; y la segunda y definitiva, entre las postrimerías de 1590 y 1595

En la primera de ellas, en la administración de las obras tuvo un especial protagonismo el consell (ayuntamiento) de Alicante, mientras que en la segunda la intervención del monarca Felipe II será mucho más intensa. En este artículo vamos a compartir algunos datos referidos a la primera etapa y, en concreto, al periodo comprendido entre los días 1 de mayo al 17 de junio de 1580, durante el cual Pedro Izquierdo, «vezino de la universidad de Muchamiel, maestro de molinos» y autor intelectual de la traza de la presa, trabajó a pie de obra desempeñando el puesto de segundo bastimentero, es decir, suministrando la vitualla a la gente que trabajaba en las obras.

Dichos terrenos habían sido señalados como idóneos por el propio Pedro Izquierdo y eran propiedad don Pedro Maza de Carroz, marqués de Terranova y titular del señorío de la baronía de Castalla, Onil y Tibi

Comencemos dando unas pinceladas sobre cómo se llevó a cabo la ejecución de las obras en esta primera etapa y cómo se financiaron. El punto de partida fue la celebración del consell general de 7 de agosto de 1579, una importante asamblea a la que concurrieron representantes de la ciudad de Alicante y de los lugares de su huerta: Mutxamel, Sant Joan y Benimagrell. En ella se acordó adquirir unos terrenos situados en l’estret de Tibi, con la finalidad de construir en ellos una presa que, cerrando dicho estrecho natural, diera lugar a un gran embalse. Dichos terrenos habían sido señalados como idóneos por el propio Pedro Izquierdo y eran propiedad don Pedro Maza de Carroz, marqués de Terranova y titular del señorío de la baronía de Castalla, Onil y Tibi. Unos días después, el 12 de agosto y en escritura autorizada en Castalla por el notario Esteban Corbí, el marqués otorgó licencia a la ciudad de Alicante «para hacer un estanque en el estrecho de Tibi para recoger agua pluvial».

El siguiente paso fue solicitar permiso a la Corona -a través del Duque de Nájera, Virrey y capitán general en el Reino de Valencia-, para poder financiar las obras tomando dinero a censo (16.000 ducados entre julio de 1580 y abril de 1581) e imponiendo sisas sobre productos de primera necesidad. Las sisas suponían un fuerte gravamen para la economía de las clases sociales más desfavorecidas. En este caso, el 29 de mayo de 1580, el consell de Alicante acordó imponer una primera sisa en la harina que se amasaba en la panadería de la ciudad, a razón de 1 sueldo por arroba de harina. Posteriormente y ante el creciente importe de los gastos que generaba la obra de la presa, el 4 de febrero de 1581, se acordó imponer una nueva sisa, en este caso sobre la carne y en cuantía de 2 dineros por libra de carne. Unos años después, en 1586, Gerónimo del Valle, que acudió a Alicante comisionado por Felipe II para examinar las cuentas de la construcción del pantano, puso de manifiesto que «las imposiciones puestas para el pantano solo las pagan los pobres».

 

 

Para la administración de estas cantidades de dinero, la ciudad designó a dos clavarios (encargados de custodiar las llaves del arca donde se guardaban los fondos económicos): Francesc Martínez, que desempeñó el cargo desde el comienzo de las obras hasta el 18 de febrero de 1581 y Thomás Vallebrera, que hizo lo propio hasta el 10 de noviembre de 1581, fecha en que las obras quedaron interrumpidas por falta de dinero. En ese momento la altura de la pared o presa apenas superaba los 25 palmos de alto (aproximadamente 5,75 metros).

El examen de las cuentas correspondientes a las obras efectuadas entre julio de 1580 y noviembre de 1581, permite conocer en qué se invirtieron los miles de ducados que Alicante tomó a censo, con el permiso de Felipe II, y cuya amortización soportaban los vecinos de la ciudad abonando las sisas sobre la harina y la carne. Entre los gastos satisfechos constan, por ejemplo, algo más de 180 libras por la edificación de una casa junto al lugar de las obras, para guardar en ella herramientas, materiales y servir de acomodo a los trabajadores y a los oficiales de la ciudad que fuesen a visitar la obra de la presa. Por lo que respecta a las personas que intervenían en las obras, consta el abono de jornales y dietas en favor de ingenieros, maestros, peones, veedores (inspector o visitador) y mayordomos (encargado del gobierno económico de las obras). En cuanto a los materiales, constan acarreos de cal, arena, hierro, acero, madera, carbón para la herrería, maromas, sogas y espuertas. Finalmente aparecen también gastos de carácter financiero derivados de las cantidades tomadas a censo por Alicante para hacer frente a las obras.

De esta primera etapa de la construcción de la pared del pantano de Alicante, contamos, además de con la información que aportan las cuentas, con el interesantísimo testimonio de Pedro Izquierdo. La información aportada por este, a partir de sus observaciones sobre el terreno entre los días 1 de mayo al 17 de junio de 1580, permite adivinar un escenario donde las irregularidades y la corrupción campaban a sus anchas. El testimonio de Izquierdo nos es conocido a través de un memorial que remitió al Virrey de València, poco después de abandonar precipitadamente las obras alarmado «por los grandissimos robatorios» que observó cometían los oficiales municipales a cuyo cargo estaban. ¿De qué conductas fue testigo Izquierdo?

 

 

Por lo que respecta a las irregularidades cometidas por personas concretas, Izquierdo acusa al oficial «que se llamava Vallebrera» de ir y venir hasta el estrecho de Tibi para sustraer madera y otros materiales. Con respecto al oficial de nombre Bonyvern, denuncia que tenía empleados en las obras de la presa a sus dos hijos, quienes «destorbavan los maestros y la gente», acusándole también de llevarse «bigas y otras cosas más». Al bastimentero primero, de nombre Pastor, le acusó de haberle vendido a él, antes de haber empezado a trabajar en la obra, «melones, algunas legumbres y otras cossas más que avía por allí» destinadas al avituallamiento de los trabajadores de la presa.

Pero las denuncias de Izquierdo ante el Virrey apuntaron mucho más alto. Así, detalló que él mismo vio con sus ojos cómo se servían de «ombres de la fábrica y bestias» para llevar materiales, desde el lugar de la obra en Tibi a la ciudad de Alicante, «a los jurados y rasional» de la Ciudad. Es decir, Izquierdo implica también en las corruptelas a los máximos responsables del gobierno local y deja claro que estas conductas no eran algo aislado, pues, en el poco tiempo que estuvo sirviendo en la obra, observó que sucedían con frecuencia.

Junto a la mala administración de la obra, Izquierdo denunció al Virrey que la fábrica de la presa no se estaba ejecutando conforme a su traza, pues la base de la presa en lugar de ejecutarse con planta curva, se había edificado en línea recta, lo que en su opinión le restaba seguridad y estabilidad. También se lamenta de la ejecución defectuosa del «sagetial» por el que ha de darse salida al agua y denuncia que los maestros no han tenido la precaución de retirar del cauce unas rocas que habían caído tras un desprendimiento. Izquierdo explicó al Virrey que debido a la falta de conocimiento del terreno de los maestros que están a cargo de la obra, éstos desconocen cómo «suele llevar las piedras del suelo del río l’agua corriente no quitaron hunas piedras de hunas solsidas que habrían cahído como trenta anyos poco más o menos, según está entendido por ombres muy viejos de Tibi y hotras personas que por allí an pasado». ¡Qué importante es conocer bien el terreno!

 

 

 

 

Finalmente, cabe preguntarse: ¿eran acertadas las apreciaciones y ciertas las denuncias de Izquierdo? Pienso que sí, pues cuando unos años después, esta primera etapa de las obras fue sometida a un riguroso examen realizado por orden de Felipe II y ejecutado por Gerónimo del Valle, este fue muy crítico con el papel desempeñado por ciertos oficiales, cuya labor consideró que había servido «más para la confusión que para el concierto ni beneficio de la obra». Del Valle, además de considerar excesivo su número, denunció su escasa preparación («no son pláticos») y entendió que hubiera sido mejor la existencia de un único oficial «que fuera experto», al ser la obra de la presa fácil de dirigir por estar «en un lugar recogido y junto, de manera que de qualquier parte se ve todo y se puede acudir a lo necesario». En su informe, Del Valle hizo constar que los oficiales designados por Alicante para el gobierno y administración de las obras eran «cavalleros y ciudadanos honrados». Él, sin embargo, considera que hubiera sido mucho más beneficioso para la obra «una cabeça inteligente y de buen gobierno, bien pagada, que muchas sin gobierno y de balde», por ello concluye que «con solo lo gastado pudiera haver más obra hecha de la que hay según la opinión de muchos».

 

¿Qué consecuencias tuvo para Pedro Izquierdo su oposición a tales conductas y la denuncia pública de las mismas? Según relató en su memorial al Virrey, tras exponer a los responsables de la obra que de seguir su traza no sería necesario gastar tanto dinero, aquéllos públicamente «se desian ellos mismos de aquellos grandes señores de Alicante que si se asía mi hobra que quería yo, que no buscaba yo sino que me matasen, lo qual fue fama púbblica que me querían matar».

Por eso, sigue siendo tan importante luchar contra el fraude y la corrupción y fomentar una cultura íntegra, como actualmente hacen organismos como la Agencia Valenciana Antifraude

Hemos hablado de unos hechos ocurridos hace más de 440 años, sin embargo, estos problemas siguen siendo demasiado frecuentes en la obra pública que actualmente se ejecuta en España. Por eso, sigue siendo tan importante escuchar con respeto y atención a las personas que conocen el terreno, las ciencias o el Derecho y tomar en cuenta sus consideraciones. También luchar contra el fraude y la corrupción y fomentar una cultura íntegra, como actualmente hacen organismos como la Agencia Valenciana Antifraude, adscrita a les Corts Valencianes. Y proteger a quienes valerosamente denuncian la corrupción. No es cosa mía, lo dice, entre otros, el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO) del Consejo de Europa.

 Buen domingo. Gracias por vuestra lectura.

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