Fecha actual:5 diciembre, 2022

Por esto se llama Carrasqueta, por un árbol que estimula la vida a su alrededor pese a la sequía severa

Aunque es una especie arbórea de zonas mediterráneas lluviosas, las carrascas resisten, casi hieráticas, a una de las mayores sequías de los últimos años en toda la sierra jijonenca, una situación de carencia de humedad que ya sufren los matojos de todo tipo, desde el tenaz romero pasando por el enebro, que perecen lastimosamente, por no hablar de los animales salvajes, faltos del necesario verdín para su pasturaje

Recorremos hoy por sendas y pistas forestales unos quince kilómetros atravesando el corazón del corazón de la sierra de la Carrasqueta, un amplio canal verde y siempre multicolor, aun en pleno inverno, que se alarga desde la cresta de esa sierra hasta la también omnipresente de popa Serra del Quarter, la zona más elevada del amplísimo término municipal de Jijona. El pueblo conocido mundialmente por el mejor turrón.

Es una excursión plácida y agradable, sobre todo porque las bajísimas temperaturas por estos lares se han disfrazado hoy, lunes 7 de febrero, en modo primavera durante las horas centrales del día (que no la noche, donde se desploma aún el termómetro en jornadas sucesivas de permanente, seco y aburrido anticiclón).

La sierra de la Carrasqueta, icono de la montaña jijonenca y del conjunto del destino turístico de la Costa Blanca, toma su nombre precisamente porque la carrasca es la especie arbórea predominante en toda la zona. Aun más allá, en barrancos también apellidados con el nombre de este árbol, como el barranc de les Carrasques Negres, en las estribaciones posteriores de la Penya Migjorn.

Nuestra experiencia senderista de hoy huele a este árbol propio de lugares mediterráneos húmedos, como la Carrasqueta, entre 900 y 1.000 metros de altitud, en todo el esplendoroso canal.

Las más de las veces, vestido con guirlandas trepadoras y tapizado de espinos impenetrables y matojos aromáticos

Y su presencia -que se cuenta por decenas de miles de ejemplares- ilustra bien a las claras que estimula la vida a su alrededor, pese a la sequía severa que afecta a todo el territorio desde hace ya demasiados meses.

 

Da igual que los encares por delante o por detrás, al alba o en el crepúsculo. El rey de los árboles del bosque jijonenco, con permiso del pino blanco, siempre se muestra majestuoso, noble y acicalado a nuestros ojos.

Las más de las veces, vestido con guirlandas trepadoras y tapizado de espinos impenetrables y matojos aromáticos. Un árbol señorial y soberano sobre la densa espesura forestal de esta mágica montaña.

La caminata nos da, por supuesto, para mucho más. Como las singulares construcciones de piedra seca que siguen siendo la madriguera perfecta para el conejo y su lugar preferido para reproducción, rincón alejado de las muchas alimañas de la zona.

O como rincones de sensorial umbría, en los que apenas sí acceden en todo el día los rayos del sol, donde los pinos esbeltos por centenarios muestran todavía evidentes signos de la fiereza de la borrasca Gloria en enero de 2020. En esas determinadas fincas privadas (no todas) donde la maquinaria pesada aún no ha operado ni, por lo visto, se prevé que lo haga, lo cual retrasará notablemente la generación del bosque espontánea.

Y más allá del rey y señor de este paisaje de ensueño, o sea, la carrasca, también tenemos momentos de bellos lances con animales salvajes, hoy mucho más huidizos, al no tratarse de la multiplicada cabra arruí.

La situación de extrema carencia de humedad también la notan los animales ungulados. Porque también lo son los muflones y los ciervos, dos especies cuya reproducción sigue siendo igualmente exponencial en estos montes.

 

Porque entre senderos de antiguos burros de carga y otros recientes de la cabaña salvaje nos topamos, en una zona de terruño y abancalamiento, quizás antaño de cultivo de almendros, nogales y manzanos, con un gran ejemplar de muflón, con ese palaje tirando a cacao y cornamenta característica, que no da sino el aviso a otro grupo de animales de menor trapío y edad, que también arrancan barranco abajo con trepidante velocidad.

Entre los que destacan dos ciervos machos de grandes cabezas y trofeos trufados de muchas puntas

Aún no nos ha dado tiempo a atravesar dicho abancalamiento cuando, en lontananza, avistamos otro nutrido grupo de animales. Más de dos docenas, entre los que destacan dos ciervos machos de grandes cabezas y trofeos trufados de muchas puntas.

Con su atávico sentido del olfato y la vista, pronto aprecian nuestra presencia aun a mucha distancia y penetran, con su característico trotar y rígido cuello, hacia la profunda y espesa ladera, mostrando su carácter huidizo frente al resto de animales, todos ellos muflones de diverso tamaño en busca de un pasturaje inexistente al no existir ni el simple verdín.

La sequía aprieta. Y mucho. La carrasca resiste y sigue siendo un árbol protector del sotobosque, estimulador neto de la vida a su alrededor. Señor de esta flamante cordillera, generador de sombras serenas tanto en verano como en invierno.

Pero otras especies botànicas perecen. Es el caso del tenaz romero, que amarillea hasta el extremo de tintarse de marrón oscuro y de muerte.

O del no menos duradero enebro, cuyo ramaje se transmuta por falta evidente de humedad hasta el punto de quedar literalmente desnudo.

Nuestro protagonista de hoy, la carrasca (Quercus ilex ssp. rotundifolia) aún nos proporciona, a la caída mansa pero firme de la tarde, una imagen idílica.

Con los rayos últimos de un chocolateado sol penetrando entre la hojarasca rasposa y dejando, entre una luz indecisa e inquietante al hacerse de repente el silencio, la silueta al fondo de la omnipresente Penya Migjorn y, escorada a la izquierda, la minúscula cima de otra famosa peña alicantina: el Maigmó.

 

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

4 Comments

  1. adhif Responder

    Muy acertado. La sequii está poniendo en serios apuros a la fauna salvaje. Por essta razón desde ADHIF pedimos, como ya lo hicimos en otras ocasiones, que se suspenda toda actividad cinegetica. No hay ni una brizna de tallo hierba verde y todas las especies preparan ya la reproducción, unas parirán pronto y no tendrán leche para amamantar las crias, otras preparan sus nidos y no encuentran nada para reponer fuerzas.
    Gracias

  2. Juan Pedro Responder

    La naturaleza sobrevivirá, nosotros no está claro.

    Quizás sea tiempo de cambiar el mal uso de hacemos de ella.

    Abandono, aprovechamientos poco sostenibles….

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