Ruta La Torre-Relleu por Teix: vertical descenso por un gran triángulo vegetal con sorpresas

Es una aventura senderista divertida y muy cómoda, pese a los 15 kilómetros, en parte por caminos de piedra, en parte por la carretera comarcal, hasta llegar a uno de los municipios más transformados de la provincia, cuyo tirón turístico ha crecido exponencialmente desde la apertura, hace ahora poco más de dos años, de una fantástica pasarela en el cañón del pantano del río Amadorio

El día de autos también con autos de ida y vuelta para hacer más llevadero el regreso desde Relleu, con desniveles de órdago fino por encima del 50%, hacía un frío de cojones. Empezaba marzo y comenzaba el invierno, prácticamente desaparecido hasta ahora en esta estación impropia desde Navidad. Pero no hay gélido arranque con el que no pueda un café y un cantueso natural en el templo de la hostelería torruana, o sea sé, el Amber, para entonces, con viento huracanado en la calle y menos de cinco grados, el centro de reunión y tertulia para muchos lugareños, incluidos los horneros.

 

La ruta es hoy La Torre de les Maçanes-Relleu, con visita a la ya famosa pasarela donde, como ya sabéis apreciados lectores, nos topamos nada más y nada menos que con Angelina Jolie y Brad Pitt.

 

Una señal colocada estratégicamente debajo de la Casa Alta, de la torre almohade del municipio torruano, siempre parada y fonda, cruce de caminos, siempre paso de unos territorios a otros, incluso culturas, desde tiempos de los fenicios, nos indica que también por aquí pasa el Camino de Santiago del Sureste, procedente de las orillas turquesas de Benidorm.

 

Un atractivo más de esta ruta que hoy os comentamos con amor a la tierra, al paisaje, a las montañas, al mar incluso y a la naturaleza que nos ha parido a todos.

Por la Rabosina, con un espléndido valle pegado literalmente a La Torre desde donde se divisan no solo las distintas caras de la Penya Migjorn, sino también los flecos rocosos de la cima de Montagut y los verdes espigados de las sierras del Buitre y de la Grana, enfilamos el camino hacia Relleu compartiendo trozos de camino rural asfaltado con otros polvorientos hasta que, de repente, la primera sorpresa de la jornada.

No nos referimos a los trabajos titánicos con la piedra seca, también muy presentes en La Torre de les Maçanes desde tiempo inmemorial, como aquellas casas refugio o dormitorio unipersonal de los trabajadores de la pedrera y cantera a las faldas de la sierra de Els Plans.

 

Ni a los chalets salpicados a ambos lados del que es sin duda el Camino de Santiago del Sureste, la más larga caminata desde Alicante jamás soñada y que algunos valientes se atreven a hacer de cuando en vez.

Cerca ya de la partida Colomer, extensa, noble y perfumada, los almendros quizás de la variedad ‘marcona del cullerot’, la más preciada de la zona pues su injerto ancestral ofrece un fruto seco aromático, sensible y dulce como la miel, a un lado se nos presenta otra cara de la Penya Migjorn, con sonrojados colores como si hubiera empinado la noche anterior la bota de vino; al otro extremo, más en lontananza, la cima antenada de la sierra Aitana, icono de los iconos montañosos de la provincia con permiso de la ciclópea, vertiginosa, escarpada, montaña mediterránea Puig Campana.

 

Y llegamos a un punto, tras atravesar una densa pinada ondulada y repleta de rastros de animales salvajes, especialmente de los jabalíes por aquí legión, en el que otra bella cara de la xixonenca Penya Migjorn nos sorprende, tanto más cuanto que la desconocíamos por completo.

Una de esas imágenes que cuestan de borrar de la retina, no sólo por ser hasta ahora inédita, sino sobre todo por su densa, sosegada, profunda plasticidad. El pueblo del turrón, mi amado pueblo, flanqueado, abrigado, protegido por Migjorn y otros picachos como el celebérrimo Cabeç del Corb, cuyo blanco contrasta al fondo de un mar de pinos carrascos verdes como demonios pese a la sequía pertinaz en medio de esta evidente crisis climática.

 

 

Esa primera sorpresa de la jornada a la que aludíamos más arriba se nos presenta de morros, es un choque de sensaciones en medio de la sierra. El amarillo de la pala retroexcavadora y de su cabina casi nos ciega, por cuanto supone de novedad para el caminante, siempre ávido de ver animales salvajes al trote, pero no como hoy, avistado un gran animal mecánico en reposo, casi adormecido, anestesiado, por no decir enterrado; con un enorme trofeo de muchas puntas sobre su cabeza erguida y rígida mirando a los cuatro vientos.

Por estas partidas lo bonito de verdad es observar que las zonas urbanizadas en bancales junto a la sierra no afean demasiado el paisaje, pareciera que las casas y sus barbacoas y sus porches estén perfectamente integrados en ese paisaje verde, ciertamente salvaje, con sabor a almendras ya cuajadas del cullerot, dulces como la miel de romero; y con sabor al vuelo elegante de los tordos o zorzales comunes, ocultos en los zarzales y huidizos a nuestro paso hasta cobijarnos bajo una frondosa carrasca más que centenaria para degustar el almuerzo, consistente hoy en cocas de pisto con tomate de alguno de los dos hornos artesanos de La Torre.

Tras reemprender al poco la marcha, para no hacer tarde con el espacio de experiencia gastronómica ni con la hora reservada para la pasarela, otra sorpresa nos llega de la mano de las almendras, ya plenamente cuajadas, junto a otras en forma de pristilo de flor aromatizada, síntoma de que unas u otras, o incluso las dos, son carne de cañón para venideras heladas, que por la zona son tanto más frecuentes cuanto inesperadas en noches grises de una primavera siempre desafiante a tanta altura.

Y la siguiente sorpresa tiene color entre rosa y morado, no porque el Día de la Mujer estuviera próximo, sino porque alguna ráfaga de vientos huracanados dio al traste con los planes de alguna pareja de enamorados o enamoradas en medio de la sierra hasta que el desenfreno de las carnes lo frenó en seco la zarzamora.

Es otra forma de describir del caminante, quizás idealizada, si no poetizada de modo naturalista. Ustedes me perdonen, si eso.

 

Siempre con la referencia hacia el oeste del auténtico western montañoso de Els Plans en lontananza, allá arriba, enseñoreado con manchas de roca viva en su frente a más de 1.330 metros de altitud.

 

Siempre con el silencio roto por momentos, afortunadamente, de algunas motocicletas de gran cilindrada pero de paseo, sin el estrés del corredor de carreras perdidas. Siempre el silencio esforzado de algún ciclista profesional de piernas esquiladas subiendo como puede, sin tocar apenas el sillín para que el volumen del cuerpo ayude en esta heroicidad deportiva de seguir y seguir pese a la verticalidad extrema del repecho de turno en este descenso del caminante en medio de un triángulo vegetal de este gran valle que es Teix de arriba y de abajo.

Otra sorpresa, también de las dos ruedas. Sorpresas que da la vida al senderista entre La Torre y Relleu aun sin haber conocido la fantástica pasarela, final de nuestra ruta con la que arrancaba el mes de marzo.

 

El ‘Tío la Vara’, o sea, Miquel Valois, el gran senderista xixonenc torruá creador del interesante grupo de Facebook SENDERISMO FOTOGRÁFICO, ejerce hoy también de aventajado guía de montaña y pareciera el tío la vara de verdad, o sea, con un poder de cojón de mico, cuasi absoluto por estos lindes.

Pues ha sido pasar por allí, señalar el bache que casi le costó la vida al atleta de la bicicleta Ernesto Valverde y, como por arte de birlibirloque, apenas una semana después, ya está rotalmente reparado el maligno badén de la puñeta que obligó al famoso ciclista a abandonar la Vuelta a España hace un par de años.

 

 

 

Una serpiente de cauce repleto de cañas y juncos nos anuncia que el río Amadorio, quizás nacido a lomos dels Plans, junto a la carretera de Benifallim, en la partida torruana de les Alcoies, nos anuncia, decimos, que la desembocadura hacia Relleu está mucho más próxima, lo cual reafirma un cartel de bienvenida.

Y la sorpresa de un cauce salpicado por diversos molinos antiguos de cereales, como el trigo y la cebada, o para hacer aceite virgen de alta calidad. Molinos movidos en otros tiempos más húmedos por los generosos chorros de agua acumulada desde allá arriba, desde la parte donde la nieve algodonada genera vida La Torre arriba, cerca del puerto de Benifallim. Y permite una infraestructura hidráulica de muchos quilates.

 

Acueductos de tres ojos que salvan el cada vez mayor caudal, cuando éste se produce.

Hemos dejado atrás Teix y llegamos a Bortolons, a Xauxets,
a Urques, a Tosques

 

Y otra sorpresa, ésta en modo lingüístico. Relleu es territorio valenciano por sus cuatro costados. Y no sólo se entiende en la señalización de calles y edificios públicos de sus calles empedradas y elegantemente iluminadas en el casco histórico, sino también en los letreros de sus partidas rurales. Hemos dejado atrás Teix y llegamos a Bortolons, a Xauxets, a Urques, a Tosques.

Xè, quina alegria més gran mos proporciona la toponimia local!!!

 

 

La brisa de Tudons, pese a la subida de temperaturas por el paso de las horas y por el descenso en vertical hacia Relleu, nos anuncia que Alcoleja y Penáguila también están cerca de este vértice natural. Pronto lo comprobaremos, pues una ruta sin parar desde Xixona a Penáguila podría ser un camino de dulce.

 

Y, majestuoso, lo cual no es ya a estas alturas ninguna sorpresa, asoma su cabeza Puig Campana al caminante y anuncia cuán cerca estamos de la ciudad de los rascacielos, de la meca del turismo, de la cuna verdadera capitalina de la Costa Blanca.

 

¡Parece que en todos los pueblos de verticalidad montañosa
hay un costereta de esas santificada!

Cerca de otro molino quizás harinero y más aún del coqueto lavadero, un letrero nos anuncia, ya en el casco antiguo de Relleu, que el camino viejo de Xixona, el de toda la vida, se toma ahí hasta llegar, por senderos abruptos y pinchosos de enhebros, a otro alto de la Mare de Déu.

¡Parece que en todos los pueblos de verticalidad montañosa hay un costereta de esas santificadas!.

 

 

Un país, el valencià, en la mochila. Ropa tendida delicadamente tras su lavado manual entre cantos rodados de piedra armoniosamente tallada bajo una bóveda de madera noble.

 

 

Estamos a punto de probar la gastronomía local del caminante, hecha a conciencia, como también lo parece la fuente pública en la que refrescamos los calores del mediodía, nada que ver con el huracán gélido de las nueve de la mañana en La Torre. Kilómetros de descenso vertical hacia el valle de Relleu, antesala de La Vila y, a su izquierda, de la omnipresente Benidorm.

 

Regreso después de algún tiempo a un Relleu desconocido por transformado.

A un pueblo adecentado. Con muchas calles viejas que parecen acabadas de nacer, o sea, bien nuevas y paridas.

 

De suelos empedrados y coloreados en armonía con las casas perfectamente alineadas, por ser la ruina inmobiliaria aquí la excepción a la regla.

 

Un ambiente sosegado en sus calles, pese al notable incremento del turismo residencial y ocasional, con terrazas soleadas para solaz de ingleses, alemanes, holandeses y nórdicos. Relleu transformada también en una pequeña torre de babel.

Esa es para mí otra certera y transformadora sorpresa.

Menos sorpresa nos produce comprobar lo frescas que están las palallas traídas quizás de algún barco traiñero de La Vila Joiosa, casi con toda seguridad.

Un bocado de prescado fresco en el mirador gastronómico de Relleu como colofón a un primero de caldo con pelotas y generosas ensaladas con aceitunas manzanilla del terreno.

 

 

Un pueblo preñado de raigambre y tradiciones, de música y fiestas y cucañas, la Relleu más desconocida si cabe por el regreso al futuro.

Camino de las previsiones en forma de embalse artificial por lo que pueda pasar con lluvias cada vez más escasas por aquí; camino ya, en plena hora de la siesta, de la famosa Pasarela de Relleu, de la cual ya os hemos hablado tras tropezarnos, de súbito y de frente, con los archiconocidos Brad Pitt y Angelina Jolie, aventureros ellos hoy por sorpresa.

Una más…

 

Brad Pitt y Angelina Jolie en la Pasarela de Relleu

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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