Tordos, perdices, torcaces y oxígeno luminoso y oloroso hasta el puerto

Tras pasar por el bosque animado y saludar a Clint Eastwood protegiendo el rancho ford apache de la foia Box, empieza por sorpresa el vuelo incesante de los zorzales (este año históricamente escasos por aquí), de palomas salvajes e incluso, más arriba, entre los pipollos incipientes del brutal incendio de Való, grupos de perdices quizás ya en pleno devaneo en esta impropia primavera de enero

 

 

Encanto tiene a raudales La Torre de les Maçanes. Su montaña y su casco urbano rodeado de cordilleras de naturaleza.

Y ese bosque encantado se vuelve mágico cuando notas que el oxígeno de sus calles y sus bancales y sus senderos y veredas es luminoso aun en días en los que se imponen con fuerza las neblinas y las nubes algodonadas medias.

Más mágico todavía por la excepcional compañía de este día, por la belleza innata y natural quizás insuflada por el consumo de turrón Jijona de mi pequeña y dulce flautista.

 

Veredas que siguen estando polvorientas, incluso por estos parajes acostumbrados como estaban hasta el fatídico, imparable, cambio climático a lluvias y a nieves copiosas en estas fechas invernales.

 

 

Clint Eastwood con porte de pino esbelto, centenario, protegiendo el rancho ford apache de la foia Box, una suerte de paraíso rodeado de pinos, encinares y olivos también antañones, nos vuelve a saludar y lo hace por segunda vez en un mismo mes, tal es la querencia que hemos tomado por estos parajes benditos, hoy también olorosos por la polinización en marcha de abejas y abejorros en almendros floridos de marconas del cullerot.

 

 

Cordilleras a las que hace una década les salieron crestas imprevistas por el fuego devorador de un maldito verano.

 

 

Pimpollos de pino que arrancan del suelo arcilloso y pedregoso de les Alcoies, de Való, de las estribaciones del pozo de nieve del Rontonar y del bucólico puerto de montaña de Benifallim, ya totalmente envuelto de carrascas azules y fresnos amarronados.

 

 

Un lugar también centenario: el famoso en su día sanatorio antituberculoso de Torremanzanas, envuelto siempre por un halo de misterio y hoy hasta de un peculiar vallado electrizante para ahuyentar las cabañas de muflones, ciervos y cabras arruís, que dañan los campos de manzanos.

 

Iniciamos, tras visitar puerto y sanatorio rodeados de naturaleza prácticamente virgen, el descenso sereno y relajado entre sonidos de aves como ruiseñores, palomas torcaces y mirlos de pico rojo y anaranjado.

Y entre el resoplar de ciclistas quizás profesionales en sentido contrario, en ascenso duro hacia el puerto de montaña antes de regresar a su estación base, en algún famoso hotel de Benidorm, La Nucía, Calp o l’Alfàs del Pi.

 

Contemplar el horizonte desde la base del Rontonar es un soplo de aire fresco aunque este año sea por temperatura irregular más cálido de lo normal. Otear esa distancia del límigte es reivindicar la defensa y respeto por la naturaleza. Siempre.

 

Por las callejuelas de La Torre a eso de las dos, el olor a algún puchero u olleta o embutido casero a la brasa

 

En regresando al pueblo de La Torre de les Maçanes, de origen inequívocamente árabe como su casa alta o castillo sarraceno, las callejuelas pequeñas y escaleras repletas de macetas de geranios; las piedras de molinos de almazaras de vinos y aceites; el olor a algún puchero u olleta a fuego lento o a embutido casero a la brasa de almendro.

 

Cuántas ganas de salir de la isla de los periodistas de Benidorm y, tras pernoctar en el albergue de peregrinos del camino de Santiago del Sureste, andar quinientos o seiscientos kilómetros hasta la otra punta de la península.

 

Entre aromas callejeros de pucheros u olletas y diálogos con caminatas kilómetricas se acrecienta el apetito al cuadrado y al cubo. Por ello, visitamos el que es el verdadero santuario gastronómico de La Torre: bar restaurante Ámber, donde hoy hemos degustado, pese a la escasez de frío, un calentito caldo con pelotas con piñones de pino regado con cerveza tostada que ha hecho las delicias mías y de mi estupenda hija.

 

Regresamos a Jijona oteando, en el inicio del crepúsculo sereno y mudo, la niebla que empieza a cubrir nuestro punto senderista de hoy: el puerto de Benifallim y las estribaciones de Els Plans, en la base del Rontonar. Fantasmagórico claroscuro de este martes impropio de enero.

 

 

Camines por donde camines, en La Torre de les Maçanes te beneficiarás sistémicamente de oxígeno luminoso, oloroso, enamorado.

La vida es corta, pero dulce! La vida és curta, però dolça!

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